¿Hay algo más detrás del reciente artículo de Víctor Grimaldi?
"También conviene señalar que la existencia de un documento de inteligencia no equivale automáticamente a la confirmación absoluta de los hechos que describe"
Por Antonio A. Méndez
Recientemente, el señor Víctor Grimaldi ha afirmado que “...la Central
Intelligence Agency informa que el Movimiento Popular Dominicano secuestraría a
un funcionario de la embajada estadounidense si no era liberado su secretario
general, Maximiliano Gómez Horacio”. De acuerdo con esta interpretación, la CIA
sabía desde el 17 de enero de 1970 —casi dos meses antes del secuestro de Donald J. Crowley y apenas tres días después del
apresamiento del máximo dirigente del MPD, Maximiliano
Gómez— que el MPD planeaba ejecutar dicha acción.
Esta aseveración tiene muchas
implicaciones y ninguna muy positiva para los hombres envueltos en el MPD de
ese entonces. Sin embargo, considero que el señor Grimaldi atribuye a la CIA un
nivel de conocimiento y capacidad predictiva que el documento no demuestra de
manera concluyente, además de realizar una interpretación discutible del
contenido del memorándum.
El memorándum al que hace
referencia puede encontrarse en el portal de la Oficina del Historiador del
Departamento de Estado de los Estados Unidos, identificado como “Central
Intelligence Agency Information Cable TDCS-314/00645-70”. En dicho documento,
la CIA reporta una reunión celebrada en San Pedro de Macorís el 15 de enero de
1970 entre tres altos dirigentes del Movimiento Popular Dominicano, en la que
se discutieron posibles acciones para lograr la liberación de Maximiliano
Gómez.
Como ocurre con frecuencia en este
tipo de informes de inteligencia, gran parte de la información contenida en el
documento parece responder más a hipótesis, evaluaciones o escenarios posibles
que a planes definitivos plenamente confirmados. La propia naturaleza de los
informes de inteligencia obliga muchas veces a incluir rumores, comentarios de
informantes y proyecciones preventivas cuya veracidad no siempre puede
comprobarse de inmediato.
En ese contexto, el memorándum
menciona la posibilidad de secuestrar a un funcionario de la embajada
estadounidense y añade, de manera significativa, la expresión “similar a lo
ocurrido en Brasil con el embajador norteamericano”. Esta referencia sugiere
que la CIA estaba interpretando los acontecimientos dominicanos a la luz de
experiencias recientes en América Latina, particularmente el secuestro del
embajador estadounidense en Brasil en 1969, un hecho que había generado alarma
en los organismos de seguridad hemisféricos.
Por ello, más que una prueba
definitiva de que el MPD había tomado una decisión concreta de ejecutar un
secuestro, el documento puede entenderse como un esfuerzo de la CIA por
anticipar distintos escenarios posibles y advertir tanto a las autoridades
estadounidenses como a los organismos de seguridad dominicanos sobre eventuales
acciones radicales. La función principal de estos reportes era precisamente
alertar sobre riesgos potenciales, aun cuando muchos de ellos nunca llegaran a
materializarse.
El documento también menciona la
preparación de un comando militar que intentaría sacar a “El Moreno” de la
cárcel, mientras el MPD colocaría bombas en distintos puntos de la capital para
crear caos y facilitar la operación. Sin embargo, el mismo memorándum señala
que se discutió “la cooperación de todos los partidos de izquierda en el país
para asistir en el escape de ‘El Moreno’ de la prisión”. Asimismo, reconoce que
ya se había presentado un recurso de habeas corpus con el objetivo de obtener
su libertad por la vía legal.
Este elemento resulta importante
porque revela que, al menos en ese momento, coexistían distintas estrategias
dentro del entorno político y organizativo vinculado al caso de Maximiliano
Gómez. Si el MPD y otros sectores de izquierda ya estaban impulsando mecanismos
legales y políticos para conseguir su liberación, es válido preguntarse qué
podían ganar recurriendo de manera inmediata a una acción tan extrema y
riesgosa como el secuestro de un funcionario extranjero. Un acto de esa
naturaleza no solo habría provocado una respuesta represiva aún más severa del
Estado dominicano, sino también una presión internacional considerable sobre
las organizaciones de izquierda.
Además, debe recordarse que los
organismos de inteligencia de la época tendían con frecuencia a
sobredimensionar las capacidades operativas de los movimientos revolucionarios
latinoamericanos, especialmente en el contexto de la Guerra Fría. En numerosos
casos, los informes mezclaban información confirmada con especulación, rumores
o interpretaciones influenciadas por el temor a la expansión de movimientos
insurgentes similares a los de Cuba, Uruguay o Brasil. Por tanto, no puede
descartarse que el memorándum reflejara también las preocupaciones y marcos
interpretativos propios de la CIA, más que una descripción exacta de decisiones
ya adoptadas por el MPD.
En caso de aceptar que el secuestro
de Donald J. Crawley fue efectivamente ejecutado por el MPD, resulta razonable
pensar que dicha decisión pudo haberse tomado posteriormente, cuando sus
dirigentes llegaron a la conclusión de que la vida de Maximiliano Gómez corría
peligro si permanecía en prisión. De ser así, la discusión concreta sobre un
secuestro debió producirse en un momento posterior al 15 de enero de 1970,
fecha señalada en el memorándum. Esto permitiría distinguir entre una hipótesis
manejada tempranamente por organismos de inteligencia y una eventual decisión
política adoptada más adelante bajo circunstancias distintas.
También conviene señalar que la
existencia de un documento de inteligencia no equivale automáticamente a la
confirmación absoluta de los hechos que describe. Los archivos desclasificados
constituyen fuentes históricas valiosas, pero deben ser analizados
críticamente, tomando en cuenta el contexto en que fueron producidos, los
intereses de las instituciones que los redactaron y las limitaciones propias de
la información de inteligencia. Interpretarlos de manera literal o aislada
puede conducir a conclusiones apresuradas o incompletas.
Por todo esto, considero que
debemos ser cuidadosos al promover interpretaciones que pudieron haber sido
construidas desde el inicio con fines políticos, estratégicos o represivos, y
que hoy podrían reabrir heridas entre personas que dedicaron sus vidas a luchar
por lo que entendían era lo mejor para el país. El debate histórico exige
rigor, contexto y prudencia, especialmente cuando se trata de episodios marcados
por la violencia política y la polarización ideológica.
Asimismo, también resulta legítimo
preguntarse por qué el señor Víctor Grimaldi decide ahora destacar y dar
relevancia a un documento que lleva años disponible públicamente. No puede
asumirse que desconocía que estos documentos fueron puestos a disposición en el
portal de la Oficina del Historiador desde el año 2009. Esa decisión de
rescatar el memorándum en el presente también forma parte del debate histórico
y político, y merece ser examinada dentro del contexto actual en que se
produce.

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