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Sede de la embajada de Cuba en la República Dominicana.
 

“La República Dominicana y su pueblo, como nación de profundas raíces caribeñas y latinoamericanas, han construido históricamente su identidad sobre la defensa de la soberanía, la dignidad nacional y la solidaridad entre pueblos hermanos”

Santo Domingo, República Dominicana. La reciente decisión del Gobierno Luis a Abinader al través de su Ministerio de Relaciones Exteriores(MINREX) de solicitar la salida de nueve diplomáticos cubanos y su familia, debe ser analizada no solo desde la formalidad jurídica que ofrece la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, sino también desde una perspectiva histórica, ética y profundamente solidaria con los pueblos de América Latina y el Caribe. Se sabe que este gobierno no cumple ninguna regla que perjudique su dependencia y lacayismo para con el imperialismo norteamericano y su expresión actual del gobierno trumpista.

Esta decisión está dentro del marco del plan del escudo de las Américas, el cual no es un acuerdo, sino una línea estratégica para implementar toda la política de la nueva ultraderecha. Esta estrategia tiene como punto fundamental desorientar y exterminar todo el proceso revolucionario cubano; pero, creemos, que, Marco Rubio y su patrón Donald Trump no resultarán victorioso al imponer esa política diplomática-agresiva sobre el pueblo cubano.

A lo largo de más de seis décadas, Cuba ha enfrentado una política sistemática de presión por parte de los Estados Unidos, caracterizada por el bloqueo económico, las sanciones unilaterales y múltiples acciones orientadas a restringir su desarrollo y su presencia internacional. En ese contexto, cualquier medida adoptada por un país de la región contra representantes diplomáticos cubanos inevitablemente adquiere una dimensión política que trasciende el ámbito estrictamente administrativo.

La República Dominicana y su pueblo, como nación de profundas raíces caribeñas y latinoamericanas, han construido históricamente su identidad sobre la defensa de la soberanía, la dignidad nacional y la solidaridad entre pueblos hermanos. Pero los gobiernos títeres como el de Abinader y demás han echado por el suelo esos principios.

Más allá de las diferencias ideológicas que puedan existir entre gobiernos, la solidaridad constituye un valor esencial de nuestra historia regional, no obstante, la ultraderecha no reconoce eso, y actúa al estilo neofascista.

El salvajismo neoliberal y neoconservador del trumpismo y sus lacayos, como el gobierno de Abinader y su Ministerio del Exterior jamás va a reconocer, que: Cuba ha mantenido durante décadas programas de cooperación en salud, educación, formación técnica y asistencia humanitaria que han beneficiado a numerosos pueblos del continente, incluyendo comunidades vulnerables afectadas por desastres naturales y limitaciones estructurales. Ignorar esa realidad significa desconocer una parte importante de la contribución solidaria del pueblo cubano a la región.

En momentos en que América Latina y el Caribe enfrentan desafíos comunes —desigualdad, pobreza, migración, crisis climática y dependencia económica— resulta indispensable fortalecer los lazos de cooperación y entendimiento mutuo, en lugar de adoptar medidas que puedan profundizar divisiones o aislamientos políticos. La verdadera fortaleza de nuestras naciones radica en la capacidad de actuar con autonomía, respeto recíproco y espíritu de fraternidad continental, y de eso carece el Estado dominicano.

En consecuencia, este episodio debe invitar a una reflexión serena sobre el papel que la República Dominicana desea desempeñar en el escenario internacional: el de un Estado que actúa condicionado por presiones geopolíticas externas, o el de una nación soberana que, fiel a su tradición histórica, promueve relaciones internacionales basadas en la autodeterminación de los pueblos, la no injerencia y la solidaridad activa con las naciones del Caribe y de América Latina.

Hoy más que nunca, la solidaridad con Cuba debe entenderse como una expresión de compromiso con los principios de dignidad, independencia y hermandad entre nuestros pueblos. Defender el respeto a Cuba es también defender el derecho de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas a construir libremente su destino, sin coerción externas y con la convicción de que la unidad y la solidaridad continúan siendo las herramientas más nobles para preservar la soberanía y la justicia en nuestra región.

 

¡No a la política diplomática-lacayuna de Abinader!

¡Cuba vencerá!

¡Viva Fidel!

¡El partido de Pablo Martínez, El Moreno, El Men y Alfredo, presente!


#Fidel #Cuba 

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