Amín Abel Hasbún: 56 años después, reconstruir la izquierda y preparar la alternativa (Primera parte)
"Amín Abel fue un revolucionario profundamente comprometido con la realidad dominicana y latinoamericana"
El 24 de septiembre de cada año, rendimos homenaje a la memoria de Amín Abel Hasbún. En esta ocasión a 56 años de su asesinato. Pero no solamente recordamos a un hombre. El Movimiento Popular Dominicano (MPD), marxista-leninista, reivindica una conducta revolucionaria, una concepción de la política y un compromiso con la transformación de la sociedad dominicana.
Amín Abel fue asesinado el 24 de
septiembre de 1970, cuando apenas tenía 27 años, en uno de los períodos más
represivos de nuestra historia contemporánea. Dirigente estudiantil, militante
revolucionario y destacado dirigente del MPD, perteneció a una generación que
asumió la lucha política como una responsabilidad histórica frente a la
injusticia, la dominación y la falta de libertades democráticas.
Su asesinato pretendió silenciar una
voz revolucionaria. Pero la muerte física de Amín no significó la muerte de sus
ideas.
Cincuenta y seis años después, su
ejemplo continúa interpelándonos.
Y precisamente por eso, este homenaje
no puede reducirse a la nostalgia. Debe convertirse en reflexión, autocrítica,
organización y compromiso.
I.
AMÍN ABEL Y LA RESPONSABILIDAD DE PENSAR LA REALIDAD
Amín Abel fue un revolucionario profundamente
comprometido con la realidad dominicana y latinoamericana.
Su pensamiento nos recuerda una
cuestión fundamental: no existe transformación revolucionaria sin conocimiento de
la realidad concreta.
El marxismo-leninismo no puede
convertirse en un conjunto de fórmulas repetidas mecánicamente. Es un
instrumento para interpretar las relaciones sociales, económicas y políticas,
descubrir las contradicciones fundamentales de cada época y orientar la acción
organizada de las fuerzas populares.
Por eso, estudiar a Marx, Engels y
Lenin es indispensable para quienes asumimos esta tradición; pero también es necesario
estudiar profundamente la República Dominicana de hoy.
El capitalismo dominicano ha cambiado.
Han cambiado las relaciones laborales, la estructura productiva, las formas de
acumulación del capital, la composición de las clases sociales, las
comunicaciones, la tecnología y las formas de dominación ideológica.
También
ha cambiado el pueblo.
Y si ha cambiado la realidad, la
izquierda tiene que cambiar sus métodos, sus formas de organización y sus
instrumentos de intervención política, sin abandonar sus principios.
Ese es uno de los grandes desafíos que
nos plantea el legado de Amín Abel.
II.
EL MEJOR HOMENAJE ES UNA IZQUIERDA CAPAZ DE RECONSTRUIRSE
Debemos hablar con franqueza.
La izquierda dominicana atraviesa una
situación de debilidad política, orgánica y electoral que no podemos ocultar
detrás de discursos triunfalistas.
Durante décadas hemos padecido
fragmentación, sectarismo, personalismos, dispersión organizativa, dificultades
para construir políticas comunes y una relación insuficiente con los
trabajadores, los y las jóvenes, las mujeres y los sectores populares.
Mientras tanto, las fuerzas
tradicionales han ocupado prácticamente todo el espacio electoral nacional.
Esta realidad debe preocuparnos, pero
no debe paralizarnos.
La crisis de la izquierda no significa
que hayan desaparecido las razones históricas para luchar por una
transformación social.
Las contradicciones del capitalismo
continúan presentes.
Persisten la desigualdad, la
precariedad laboral, la concentración de la riqueza, las dificultades de acceso
a vivienda, a salud y educación de calidad, las desigualdades territoriales, la
dependencia económica y tecnológica y la subordinación de importantes
decisiones nacionales a intereses económicos y geopolíticos externos.
El problema fundamental no es la
ausencia de contradicciones.
El problema es nuestra insuficiente
capacidad para convertir esas contradicciones en conciencia, organización y
fuerza política.
Ahí
está el desafío.
III.
RECONSTRUIR LA IZQUIERDA: UNA TAREA HISTÓRICA
Reconstruir la izquierda dominicana no
significa simplemente sumar organizaciones.
Significa construir una nueva capacidad
política.
Una izquierda que estudie.
Una izquierda que organice.
Una izquierda que eduque.
Una izquierda que movilice.
Una izquierda que escuche.
Una izquierda que vuelva a estar
presente en los barrios, en los centros de trabajo, en las universidades y
escuelas, en las comunidades campesinas, en los movimientos sociales y en los
espacios donde vive y trabaja nuestro pueblo.
Necesitamos superar la lógica de
pequeños grupos que hablan fundamentalmente entre sí.
Necesitamos construir una izquierda con
vocación nacional.
Y esto exige comprender que unidad no
significa uniformidad.
Podemos tener diferencias ideológicas,
tácticas y organizativas, y, al mismo tiempo, construir espacios de
convergencia alrededor de objetivos comunes.
La unidad debe construirse sobre
principios, programas, democracia interna, respeto a las diferencias y
compromiso con las luchas populares.
IV.
2028: NO UNA SIMPLE ELECCIÓN, SINO UN ESCENARIO DE ACUMULACIÓN POLÍTICA
El Movimiento Popular Dominicano
entiende que, desde ahora la izquierda debe comenzar a mirar hacia las
elecciones de 2028.
Pero debemos hacerlo correctamente.
El 2028 no puede ser para la izquierda
simplemente una fecha electoral.
Debe convertirse en un objetivo de
acumulación política.
Si llegamos a 2028 únicamente para
presentar candidaturas, hacer propaganda durante algunos meses y esperar
resultados, habremos perdido una oportunidad histórica.
La
tarea comienza mucho antes.
Tenemos que construir desde ahora una
propuesta política capaz de expresar las necesidades de las mayorías.
Debemos elaborar un programa nacional
que coloque en el centro:
- el trabajo digno y los derechos
laborales;
- la educación pública y de calidad;
- la salud como derecho y no como
mercancía;
- el acceso a vivienda digna;
- la defensa de los recursos naturales;
- la protección del medio ambiente;
- la soberanía alimentaria;
- el desarrollo productivo nacional;
- la defensa de la soberanía nacional;
- la transparencia y la lucha contra la
corrupción;
- la democratización de las
instituciones;
- la igualdad de oportunidades;
- la protección de la juventud;
- justa distribución de la riqueza
- y una política exterior basada en la
autodeterminación de los pueblos y la defensa de los intereses nacionales.
Pero,
sobre todo, debemos organizar a la población alrededor de ese programa.
V.
LAS ELECCIONES Y LA LUCHA DE CLASES
Desde una perspectiva
marxista-leninista no debemos convertir las elecciones en un fin en sí mismas.
La lucha electoral es una forma de la
lucha política.
El parlamento, los gobiernos locales y
los demás espacios institucionales pueden ser utilizados para defender los
intereses populares, denunciar las estructuras de dominación y acumular
fuerzas.
Pero el electoralismo sin organización
conduce a la frustración.
Y el sectarismo que desprecia las
elecciones puede conducir a la marginalidad política.
Debemos superar ambos extremos.
Ni electoralismo sin principios ni
radicalismo retórico sin capacidad de organización.
Necesitamos una estrategia que combine
la lucha social, la organización popular, la formación política, la
movilización y la participación electoral.
Ese
debe ser nuestro enfoque hacia 2028.
VI.
LA JUVENTUD: EL PUENTE ENTRE AMÍN ABEL Y EL FUTURO
No podemos hablar de Amín Abel sin
hablar de la juventud.
Amín Abel tenía 27 años cuando fue
asesinado.
Era joven.
Y fue precisamente su generación la que
demostró que la juventud podía convertirse en sujeto de transformación
histórica.
Hoy existe una nueva generación de
jóvenes dominicanos que enfrenta problemas diferentes, pero no menos profundos:
precariedad laboral, las drogas, dificultades de acceso a vivienda,
incertidumbre económica, emigración, deterioro de determinados servicios
públicos y una cultura política crecientemente influida por las redes sociales,
el individualismo y la lógica del consumo.
La izquierda tiene que aprender a
hablarle a esa juventud.
No podemos exigirle que venga hacia
nosotros.
Tenemos que ir hacia ella.
Tenemos que escucharla, comprender sus
lenguajes, incorporar sus demandas y ofrecerle una perspectiva de futuro.
La reconstrucción de la izquierda será
imposible si no consigue incorporar masivamente a las nuevas generaciones.
Continúa...
Nota: Se dividió en dos partes, porque el trabajo es muy extenso y el sistema no lo publica completo.
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